martes, 16 de junio de 2009

Inoportuna

Quien no lo sepa ya
lo aprenderá de prisa:
la vida no para,
no espera, no avisa.
Tantos planes, tantos planes
vueltos espuma

, por ejemplo,
tan a tiempo
y tan
inoportuna



Toda señal a mi alrededor
decía: cautela.
Cuánta estrategia incumplida
aquella noche sin luna


¿Quien sabe cuándo es el momento de decir: ahora?
Si todo alrededor te está gritando:
¡Sin demora, sin demora!

miércoles, 10 de junio de 2009

Sus Manos

Se me olvida que estoy aquí mientras el tiempo pasa. Estoy aquí mirándome el dorso de las manos y estallo en tristeza al darme cuenta que todo ha pasado muy rápido. La melancolía se adhiere a mi piel, y mis manos y sus surcos son fiel reflejo de toda una vida, una vida dedicada a eso…, vivir.Los recuerdos se agolpan en mi mente a empujones sin pedir paso ni perdón. Mi niñez repleta de juegos amigos y risas. Mi adolescencia con mis primeros pasos en el amor y el desamor. Mi juventud con su madurez y descubriendo y usando la lógica y sus razones. Y como no, mi vida adulta, esa que decidí recorrer junto a otras manos que ahora también están llenas de surcos, otra mirada, otra visión de la misma vida. Levanto la vista y me sonríe. Siempre ha sido así, solo verla, el sabor amargo de los malos momentos era más llevadero. Sentir el calor de su mano estrechando la mía ha sido durante todo el camino la solución al empeño de la vida misma en ponerme a prueba. Eligiendo entre ambos la dirección correcta en cada cruce, y sorteando los obstáculos que se nos presentaban. Aguantando la lluvia, el viento y sentándonos a descansar en cualquier piedra mientras el sol nos regalaba su mejor momento.Y así sin más se nos fue la vida. Se me fue la vida mirándole a los ojos, regalándonos sonrisas, estrechándole mi mano.Sin duda una manos que son la razón de toda una vida, …unas manos junto a las mías.

jueves, 4 de junio de 2009

El libro de los abrazos (fragmento)

(...)Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata(...)

Eduardo Galeano (Uruguay, 1940)

miércoles, 3 de junio de 2009

Sofia

Mantenía su casa en una oscuridad casi absoluta, apenas los rayos de luz infiltrados durante el día entre las pequeñas rendijas que las persianas, siempre bajadas, habilitaban para, al menos, intuir los contornos de los escasos muebles. Esas pequeñas rendijas eran las únicas vías de comunicación con el exterior, pero de alguna forma parecía como si la luz ya las ocupara completamente, evitando que nada pudiera salir hacia fuera: ningún sonido, ningún olor, ninguna mirada.En un rincón del comedor la mecedora repetía su ritmo incesantemente, acompasada con las viejas y castigadas baldosas que a sus pies se lamentaban en todas y cada una de sus repeticiones.

Junto a ella una diminuta mesita que apenas tenía espacio suficiente para sostener un teléfono que jamás sonaba y la foto de Pablo, cuando tenía treinta y pocos años, edad en que Sofía tenía la equivocada convicción de que aún no la engañaba. En el instante en el que la cámara capturó a su difunto marido, este se llevaba, sonriente, un cigarro a la boca, mientras con la otra mano se sujetaba el sombrero; no era casualidad que cincuenta años después su viuda eligiera esa imagen y no otra para acompañarla, ese cigarro representaba para ella una imagen simbólica de su camino hacia la muerte, un cáncer de pulmón tardó apenas dos semanas en fulminarlo… treinta años y doscientos quince mil cigarros después de aquella fotografía.- No creo que tarde mucho, amor.

Siento que de esta tarde no debe pasar, siento que ya viene a buscarme.Su voz suave, entrecortada, apenas audible, contrastaba con el sordo y constante chirriar de la mecedora en su incesante balanceo.- ¿Sabes?, se me hace raro el que pronto vuelva a verte ... sí, ¡no te rías! … quiero decir, cuando te encuentre allí arriba o donde sea que nos encontremos de nuevo … no sé si seré capaz de reconocerte … supongo que estarás con la edad con la que te fuiste, ¿no? … sí, claro, así debe ser … yo, en cambio, tan vieja ya … no te gustaré … quizás hasta te avergüences de mí …sí, sí que lo harás … espero que consigas disimularlo bien … me dolería darme cuenta ¿sabes?.Es difícil soportar esto. Creo que si no vienen a buscarme pronto acabaré por arrastrarme hasta la caja de la gata y comerme su comida … ¡Dios! Siento arder el estómago … me duele la cabeza de una forma insoportable.Su debilidad la obligó a dejar de hablar, sus pensamientos parecían perder fuerza, como si las palabras hubieran empezado a abandonarla y se marcharan poco a poco de su cabeza dejándola sólo con imágenes. Sí, le quedaban formas y colores, fotografías, pero notaba que el lenguaje la abandonaba y no podía describirlas. Tembló al darse cuenta de lo que significaba, habían venido a buscarla por fin … el momento tan esperado la llenó de pánico, hubiera querido cambiar de opinión, suplicar que esperaran un poco pero ya no le quedaban fuerzas para hacerlo … sólo veía aquellas fotografías que parecía habían estado escondidas bajo las palabras y que estas, al marcharse, habían dejado al descubierto. Le vio hablando con su hermana, le vio luego gozando de su cuerpo mientras ella, como había hecho siempre, giraba la cara para que no notara las lágrimas que el dolor le producía cada vez que la penetraba, vio la cara de Pablo cuando aquel verano le pegó una bofetada que le destrozó el alma; las imágenes se sucedían como en un pase de diapositivas: el día de su boda, su propia mirada preocupada esperando en el balcón que volviera a casa, un despertar alargando los brazos para confirmar que ya se había levantado, su padre sujetándose sonriente el sombrero mientras se llevaba un cigarro a la boca… Las imágenes cesaron.

Las últimas palabras en dejar su cuerpo dibujaron su último pensamiento: había muerto sin ni siquiera haber empezado a vivir.

Caminemos


Por eso algunos seres humanos viven asi, irrealmente; creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten que su mundo interior se manifieste. Quizá puedan ser felices, desde luego. Pero cuando conozcan lo otro, ya no podran seguir sin escuchar, sin ver, sin sentir... Ese camino es fácil. El nuestro, no tanto. Caminemos...